Tercera excursión
Tercera excursión
Nuestra tercera excursión debería de haber sido al castillo de Warwick , pero nuestros chicos decidieron cambiarla puesto que ha habían ido en años anteriores y no querían volver a ir. En su lugar, Brists Hill, un pueblo levantado en medio de la nada y que recrea a la perfección como era la vida en la época victoriana (finales del siglo XIX).
Como todos los días de excursión, nos levantamos a las 7:30, desayunamos a las 8 y estábamos subiendo al autobús a las 8:30, nuestra rutina de día de viaje. Entre Oundle y Brists apenas hay una hora y cuarto de viaje que entre risas, música, alguna lectura y alguna foto clandestina al que se queda dormido durante el trayecto, se pasa volando. Una vez allí, nuestros activities leaders sacaron nuestras entradas y nos dispusimos a entrar.
Una vez dentro, lo primero que te encuentras es una sala con una proyección del pueblo en su época, su industria, la vida de sus vecinos, la religión, etc... Una vez vista la proyección, nos dieron 3 horas y media para visitar el pueblo por libre y comer....
Pudimos visitar lugares como la panadería, los establos (con caballos reales), el bar del pueblo, la tienda de comestibles, la herrería, la tienda del escultor (encargado de esculpir también las lápidas del cementerio), la farmacia, muchas casas de particulares (perfectamente decoradas como si no hubiera transcurrido tiempo alguno), la iglesia.... Fue como viajar al pasado ....
Además, a mitad de camino, había una plaza muy grande con atracciones, tales como un tío vivo, algunos juegos de feria o un bar donde tomar un refresco, todo ambientado al más puro estilo victoriano.
Cuando terminamos de visitar el pueblo entero, nos sentamos en una cafetería y degustamos el famosísimo fish and chips británicos que nos sirvió de comida del día.
Al poco de comer, tocó volver al autobús, no son antes pasar por la tienda de recuerdos que siempre encontramos al final de muchas atracciones turísticas como museos o galerías de arte.
El camino de vuelta transcurrió igual de tranquilo que el de ida ya que no fue una visita muy agotadora por el tiempo que transcurrió allí dentro.
Una vez en el colegio, nos dirigimos a nuestra casa, descansamos un poco y fuimos a cenar. Acto seguido fiesta y al término, a descansar para coger fuerzas para el día siguiente.
Toda una experiencia!!
Un saludo a todos.
Nuestra tercera excursión debería de haber sido al castillo de Warwick , pero nuestros chicos decidieron cambiarla puesto que ha habían ido en años anteriores y no querían volver a ir. En su lugar, Brists Hill, un pueblo levantado en medio de la nada y que recrea a la perfección como era la vida en la época victoriana (finales del siglo XIX).
Como todos los días de excursión, nos levantamos a las 7:30, desayunamos a las 8 y estábamos subiendo al autobús a las 8:30, nuestra rutina de día de viaje. Entre Oundle y Brists apenas hay una hora y cuarto de viaje que entre risas, música, alguna lectura y alguna foto clandestina al que se queda dormido durante el trayecto, se pasa volando. Una vez allí, nuestros activities leaders sacaron nuestras entradas y nos dispusimos a entrar.
Una vez dentro, lo primero que te encuentras es una sala con una proyección del pueblo en su época, su industria, la vida de sus vecinos, la religión, etc... Una vez vista la proyección, nos dieron 3 horas y media para visitar el pueblo por libre y comer....
Pudimos visitar lugares como la panadería, los establos (con caballos reales), el bar del pueblo, la tienda de comestibles, la herrería, la tienda del escultor (encargado de esculpir también las lápidas del cementerio), la farmacia, muchas casas de particulares (perfectamente decoradas como si no hubiera transcurrido tiempo alguno), la iglesia.... Fue como viajar al pasado ....
Además, a mitad de camino, había una plaza muy grande con atracciones, tales como un tío vivo, algunos juegos de feria o un bar donde tomar un refresco, todo ambientado al más puro estilo victoriano.
Cuando terminamos de visitar el pueblo entero, nos sentamos en una cafetería y degustamos el famosísimo fish and chips británicos que nos sirvió de comida del día.
Al poco de comer, tocó volver al autobús, no son antes pasar por la tienda de recuerdos que siempre encontramos al final de muchas atracciones turísticas como museos o galerías de arte.
El camino de vuelta transcurrió igual de tranquilo que el de ida ya que no fue una visita muy agotadora por el tiempo que transcurrió allí dentro.
Una vez en el colegio, nos dirigimos a nuestra casa, descansamos un poco y fuimos a cenar. Acto seguido fiesta y al término, a descansar para coger fuerzas para el día siguiente.
Toda una experiencia!!
Un saludo a todos.
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